A todos nos gustaría conocer nuestros verdaderos orígenes, al menos es lo que suponemos. Pero, ¿estamos realmente listos para conocerlos? ¿No nos quedaremos más perplejos que cuando los ignorábamos? ¿Qué nos aportaría descubrirlos? Tal vez, podríamos comprender mejor los males internos que nos acechan y encontrar por fin, el mapa que nos llevará fuera del laberinto personal, donde nos hemos extraviados gracias (o por culpa) de la educación que recibimos.
Vayamos a la conquista del último territorio olvidado por los exploradores, y transformémonos (como lo hacen todos y cada uno de los Terapeutas Akáshicos) en exploradores de la consciencia. ¿No es extraño ser a la vez el territorio explorado y el explorador de dicho territorio?.
La historia de cada uno de nosotros empieza con la desencarnación anterior. Sólo dos posibilidades se han presentado: la primera es la de NO haber tenido un nivel espiritual suficiente como para haber alcanzado la inmortalidad… de la consciencia.
En tal caso, los cuerpos sutiles que vamos a descubrir, se habrán disuelto y el alma habrá borrado todos sus conocimientos anteriores. Regresó a donde debía (depende de la religión que profesemos), pero sin su memoria.
Cuando fue proyectada en nuestro cuerpo actual, nos hizo nacer sin pasado, sin memoria, sin conocimientos anteriores… es un volver a empezar, reaprender todo desde cero, partir sin equipaje hacia la conquista de la supervivencia en este planetreencarnacion.historya tierra.
Diferente es la historia cuando tenemos la suerte de haber alcanzado en nuestra vida pasada «la masa crítica de la consciencia». Es un nivel de conocimiento y de desarrollo suficiente para que, en el momento de la desencarnación, el alma transmigre acompañada de varios cuerpos sutiles, poseedores del conocimiento, y se reencarnen con él. Así nacen los niños índigos, los niños de las estrellas, las reencarnaciones vivientes, los niños superdotados.
¿Estos niños, sufrirán más que otros, durante sus primeros años? Sí… y mucho. Reencarnar así es tan doloroso como haber sido cantante y volverse mudo, o bailarín y ahora estar paralizado; o ser un poeta y quedarse sin palabras. Estos niños poseen un pensamiento abstracto diferente del de los adultos, (aunque la psicología lo pretende imposible, es explicable en la presente teoría cuando uno sabe que dicho pensamiento es del dominio de la bioenergía, y no del sistema neuronal). Estos niños escapan a todo lo que conocemos sobre la mente y las etapas de su desarrollo en la niñez, su psique esta recorrida por corrientes de pensamientos universales, de conocimientos resentidos en forma energética y no pensado en palabras que todavía no posee. Tal vez el lector fue uno de ellos y no se lo puede recordar.

¡Pobre niño! No puede escribir porque no controla sus manos, ni conoce el alfabeto; no puede hablar porque sus neuronas no tienen las conexiones suficientes que le permitan el aprendizaje del lenguaje… Sufre, no comprende el mundo material porque no sabe su lenguaje; deberá luchar mucho. ¿Perderá este conocimiento? depende de las agresiones exteriores a las cuales deberá enfrentarse. La supervivencia, como instinto, puede hacerle olvidar su sabiduría. Si afortunadamente está en un mundo afectuoso y respetuoso de su ser interior, entonces tendrá la oportunidad de conservarla y conectar sus conocimientos abstractos (plasmados y funcionando en su cuerpo bioenergético) al mundo material que sus sentidos invaden lentamente (gracias a su ser neuronal).
¿Cómo evolucionará después? lo veremos más adelante… pero desde ya, nuestra humanidad moderna, y las profesiones de la psicología, necesitan elaborar pruebas precoces de detección de las reencarnaciones vivientes… ya bastantes genios, superdotados y seres espirituales hemos destruido hasta hoy.
¿Cuál sería el objetivo más atinado que deberíamos perseguir en nuestra vida?
Si un nuevo objetivo aparece en nuestra vida – el cual no nos gustará, seguramente – tenemos que prepararnos con inteligencia a nuestra desencarnación próxima. ¿Por qué? Para decidir si queremos ser mortales o inmortales… si renaceremos con o sin memoria. ¿Qué ventaja obtendremos? Que no nos estremecerá este sufrimiento durante años. Es la promesa de que cuando renazcamos comprenderemos que abandonar esta vida, equivale a tomar un colectivo que nos llevará lejos de la única ciudad que conocíamos, nuestra vida, y que podríamos llegar a un destino nuevo, la ciudad de nuestra próxima vida, volviéndonos amnésicos durante el viaje o por el contrario releyendo las notas con las cuales partimos… perderemos este miedo fatal, el que amarga el placer de vivir, que nuestro cuerpo diabólico alimenta cada noche para torturarnos… el miedo a la muerte.
Conclusión de la Terapia Akáshica: «para perder el miedo a la muerte, sólo hay que preparase metódicamente a una reencarnación inteligente». Para armar sabiamente nuestro equipaje antes del gran viaje, tenemos que descubrir lo que es el progreso espiritual, dónde está el templo de la Paz Interior, lo que es tener una consciencia despierta (refugiada de los campos de hipnotismo sociales), acceder a la 4ta dimensión (la de la supermente), y tratar de conquistar las otras 22 (las del despertar espiritual); finalmente, se trata de encontrar ese «plano del infinito», punto donde los opuestos se tocan, en los cuales tenemos que llevar nuestra consciencia para que alcance la Paz Interior.
Y todo esta preparación al viaje, que constituye la nueva educación de vida que necesitamos, podemos resumirla en descubrir la dualidad esencial que domina nuestra existencia: la convivencia entre el «hombre neuronal» y el «ser bioenergético».
¿Qué otro objetivo deberíamos anhelar alcanzar?
Aún nos falta descubrir un último punto: ¿Por qué motivo, entonces, nos envían a vivir aquí? ¿Cuál es el sentido de nuestra vida? En definitiva, obtendremos la contestación cuando sepamos cuál es nuestra «misión espiritual» Sin ella no tenemos razones para haber nacido. Con ella, podemos llegar a ser la persona exacta, en el lugar justo, haciendo el acto correcto y en el momento idóneo. Es la misma diferencia entre ser un barco a la deriva y un faro que, bien asentado en su montaña, guía a los barcos perdidos en la oscuridad de la vida. Que el lector se interrogue: ¿Qué prefiero ser, un barco a la deriva o un faro irradiante?

“Terapia Akáshica” de Eric Barone. 

César Dupuy Eara

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