Observar sin reaccionar: he ahí el secreto. Durante el tiempo que dure cada práctica meditativa permitiremos que salga a la superficie del lago de nuestra consciencia todo lo que durante el transcurso de nuestra existencia ha sido almacenado y archivado en nuestro subconsciente. Todo lo que ha sido reprimido, todo lo que nos hace experimentar sufrimiento, deseo, miedo, ira, placer, temor… etc. Vamos a dejar que todo esto, y mucho más, aflore a nuestra consciencia. Pero, en esta ocasión, y durante el tiempo que dure la práctica, no vamos a permitir que nos arrastre; tal y como en anteriores ocasiones ha sucedido.

Aflorarán sentimientos de autocomplacencia o autocompasión, o cualquier otro tipo de emoción, que intentará arrastrarnos. Pero no, esta vez no. En esta ocasión sólo vamos a tomar consciencia de eso que está ahí, sea lo que sea, y manteniendo la concentración en la distante observación vamos a permitir que su fuerza se diluya, y con ella el poder que pueda ejercer sobre nosotros. Así una y otra vez. Veremos cómo en cada nueva ocasión su impulso estará más y más debilitado, hasta que, finalmente, termine diluyéndose para siempre.1600x1000xEl-silencio-despierto.jpg,qd91c71.pagespeed.ic.XdT9sucAjU

Podremos ver de qué manera nuestra máquina luchará por continuar con los viejos hábitos y patrones de comportamiento largamente adquiridos a través de toda nuestra existencia. Pero, si somos capaces de observar sin reaccionar, la causa de nuestro sufrimiento se va a ver diluida ante nuestra observación desapasionada, erradicando así su atadura de nuestra vida. De este modo, pensamientos, emociones, sensaciones, recuerdos, proyectos, etc. que antes tenían un inmenso poder sobre nosotros quedarán neutralizados ante la luz de la consciencia, recuperando nuestra genuina soberanía.

Así se obtiene la fuerza de voluntad. Así se obtiene la consciencia de sí. Así se obtiene la liberación de la persona. Nunca es la persona quien se libera, sino que eres tú quien se libera de la persona al comprender el proceso y las causas que han dado origen al nacimiento de ese amortiguador, denominado “personalidad”, cuya misión es proteger tu esencia, tu alma.

Fuente: Silencio Interior

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