Como seres humanos, todos tenemos una profunda necesidad, casi instintiva en relación a la seguridad.
No es de extrañar, entonces, que a medida que nos volvemos más conscientes de nosotros mismos como seres espirituales y divinos, nos dirijamos a nuestros Registros Akáshicos para satisfacer una de nuestras necesidades más instintivas: la Seguridad.

Desafortunadamente, esta realidad nos sumerge en un ciclo cerrado ya que, el regalo más grande con el cual estamos bendecidos es nuestro libre albedrío. Los Registros Akáshicos nos reconocen como la autoridad absoluta sobre nuestra experiencia. Tomamos decisiones y, por lo tanto, generamos consecuencias.
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Los Registros Akáshicos guardan la cronología de nuestras propias decisiones, para que podamos llegar a entender nuestro proceso creativo. Pero, no se equivoquen sobre esto… ¡Es nuestro proceso creativo! Esta es la esencia de la vida como Ser Divino que somos, dentro de una experiencia humana.
Una vez pregunté en los Registros Akáshicos cómo se define la abundancia.
La respuesta fue simple: “Haz tu voluntad”
Eso es todo. La esencia de la abundancia es nuestro libre albedrío, nuestra capacidad de elegir en forma plena, sin presiones ni condicionamiento alguno.
Nuestro libre albedrío abre la puerta a todo y a cualquier cosa que podamos desear crear.
Pero, como seres humanos con la necesidad de seguridad, queremos tomar las decisiones “correctas”. Queremos tomar las decisiones que nos 1. Mantengan a salvo de las consecuencias desagradables y 2. que nos lleven a dónde queremos ir.
Y así, nos dirigimos a los recursos que nos ofrecen los Registros Akáshicos para averiguar cuáles son esas opciones. Hasta aquí, todo bien.
El problema surge cuando nos dirigimos hacia los Registros Akáshicos – o a un grupo de Guías Espirituales, o a entidades canalizadas, o incluso a Dios – a una autoridad externa que nos diga qué hacer, por lo que nos mantenemos a salvo.
El juego que estamos jugando con demasiada frecuencia, es tratar de mantener el poder – la capacidad de crear lo que queramos – pero EVITANDO la responsabilidad – “dime cómo crear lo que yo quiera.” En el peor de los casos, esto lleva a los buscadores espirituales a buscar en una actividad holística o en otras, una “orientación” que en última instancia no conduce a ninguna parte. A lo sumo, nos confundimos y pensamos que tenemos que seguir trabajando en nuestra intuición, a través de una modalidad u otra.
De cualquier manera, estamos entregando una porción de nuestro libre albedrío. No importa que todos nos consideremos espirituales y digamos que estamos entregando nuestra voluntad a nuestro Yo Superior, o a lo Divino. Estamos entregando nuestra voluntad. La consecuencia es que siempre nos hará falta el resto que hemos cedido.
Es hora que comencemos a hacernos cargo de nuestras acciones y elecciones, desde el consciente y que dejemos a Dios el resto. Dios proveerá.
Los Registros Akáshicos están diseñados para darnos el poder en nuestro propio proceso creativo en forma permanente. Son la guía de estudio definitiva para el sistema kármico de acción y reacción. Al comprender cómo funciona, sabrás cómo crear las consecuencias que desees en tu vida y en el área que elijas.
Pero realmente la comprensión de la calidad de nuestras decisiones y cómo creamos nuestro destino es totalmente diferente a querer que los Registros Akáshicos nos DIGAN que opciones elegir y llevar a cabo. Nuestras elecciones, al igual que nuestras consecuencias, siempre van a ser sólo nuestras.
El don del libre albedrío es la esencia de la abundancia en sí… y, sin embargo, ¿no es curioso cómo seguimos tratando de devolver este regalo y don divino al querer que otro ser elija en nuestro lugar? ¿Cómo lograremos conseguir por lo menos una devolución parcial de la energía de nuestro libre albedrío, que es la única que nos brindará seguridad y abundancia?
Así que aquí está la fórmula. Si vos estás experimentando una falla en cualquier área de tu vida… sería bueno que te preguntes dónde has resignado tu libre albedrío.
Tal vez hayas cedido tu libre albedrío a la conformidad de la sociedad, al mercado del capitalismo, a los expertos que te dicen cómo comer correctamente, a tu empleador, a una comprensión arquetípica de la familia o el matrimonio, o incluso a tu propio Yo Superior.
Donde falta el libre albedrío, no estamos ejerciendo nuestro poder y la responsabilidad de elegir en libertad. Y allí será evidente la sensación de fracaso o de paralización.

César Dupuy

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