El viento nace profundo desde el silencio del horizonte,

camina tu corazón los pasos de la vida y de la muerte

en un mismo segundo, en una misma eternidad,

en un solo latir fugaz e inconquistable.

Tu corazón es ese viento que palpita

y lo hace surgir todo desde la nada.

Caminas lejos de las sombras,

como un soldado que no teme al mañana

ni al frío cautiverio de ser el dueño

de lo efímero.

Vives sin prisa en una guerra que no temes,

porque la materia del temor no te reconoce

y aplacas la ira de los injustos

regalando tu silencio.

Lo das todo a cambio de nada

y por eso te has ganado a ti mismo.

Eres el Buda de la entrega,

del amor que no desespera recompensas.

Tu entrega es tu regalo,

y tu corazón un tesoro que todos

buscan afuera.

Tu vives dentro, y como la luz,

te proyectas de inmediato en lo oscuro,

otorgando claridad y destellos de pureza.

Los otros miran el sol directamente, cegándose, irremediables.

Tú no miras nada, sólo buscas

tu alma en el viento, el viento en el viento,

y siempre el sol aparece detrás tuyo dirigiéndose

a donde tu mirada le lleve, buscando su luz en ti.

 

José Manuel Martínez Sánchez

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